sábado, 14 de marzo de 2009

EL TABLERO (O LA TROPA DE LOS MUDOS)


La historia para nosotros siempre fue la misma, mano de obra barata de producción de lo que se necesitase para poder apenas subsistir para seguir produciendo, la población en este lado del juego crece como plaga, y como plaga vamos siendo mandados a las guerras como carne de cañón, total que importa, si muere uno y nacen 10.
Desde chicos nos enseñaron que podríamos ir mas lejos, que podríamos romper con este destino y ser algo más, pero siempre fueron muy pocos los que lograron pasar al otro lado, la mayoría de nosotros asumía a temprana edad que eso no iba a ser cierto, que estábamos condenados a morir en nuestro estado, y que desde niños cada día era un día menos para la muerte, hasta que llegaba la poco novedosa citación de enrolamiento para pelear por cosas que no alcanzábamos a entender, por un color o una bandera que no nos representaba en absoluto.
Me llamo Juan, Andrea, María o Carlos, que importa, para ellos somos uno más de los millones que esperamos la carta sentencia que nos obligará por fin a marchar más rápido que nunca hacia el agujero oscuro y frío que nos espera al final de la vida.
La vida para nosotros no existe, existe el trabajo duro, los entrenamientos, el miedo cuando niños, la bronca cuando grandes, y ellos no se ensucian las manos, podían declarar guerras como firmar tratados y nosotros éramos los que íbamos en la fila del frente, siempre disciplinados, hacia nuestra sepultura, a veces podía ocurrir el milagro de que uno pudiera sobrevivir a esa guerra, a veces sucedía que te en galardonaban y podías ir más atrás, en un caballo o hacer guardia en una torre de vigilancia de los lugares ya dominados con la sangre de uno que fue igual que tú pero quedo más atrás, y entonces, en muchos casos, se te olvidaba lo que habías sido antes, tu vida importaba más he incluso si corrías riesgo tenias la posibilidad de abandonar la trinchera de riesgo y se te seguiría considerando con iguales miramientos.
De esta situación todos teníamos plena conciencia, pero el tema no se hablaba nunca, sino hasta que llegaba la citación, entonces te sentías libre de hablar con todos de ello y todos podían empezar a compadecerse de el poco tiempo que podía restarte de vida, el futuro para nosotros siempre fue una palabra idealista pero vacía, no podíamos dimensionar la fuerza que podría haber tenido para nosotros, en otras circunstancias históricas, semejante palabra, el futuro para nosotros era un enfrentamiento armado, una bala que se acercaba rápido pero no llegaba nunca, hasta que producía su impacto y todo por fin estaba dicho, nuestra vida desde pequeños era una guerra, por la subsistencia, por arrancar de esta mierda y al fin por que el otro tenia un color distinto, aun que sabías que en el fondo era el mismo ente sin futuro que tú.
Acá, de este lado, todos éramos iguales, no importaba si eras hombre o mujer, si tenias algún defecto físico, o que es lo que pensaras, no hablábamos de lo que pensábamos, eso era mala educación y era aburrido, si tenías algún defecto físico desde chico te asignaban cual sería tu participación en el futuro de nuestra nación, siempre habría algo que podrías hacer que seguro te permitiría no salir jamás de tu estado
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Cuando llegó a mi casa el documento en cuestión, sentí la impotencia de tener claro lo que decía sin atreverme siquiera a leerlo, leerlo era solo un tramite para saber cuantos días más tu existencia podría prolongarse en esta calma relativa en que nos encontrábamos hasta entonces, de ahí en más estaba todo nuestro destino trazado, tome mi chaqueta y salí a la plaza central, como se hacia siempre en estos casos, a reunirme con los otros que al igual que yo, tenían los días contados.
Habían varios ya en la plaza, tomando, fumando y conversando de perspectivas que sabíamos que no eran posibles, todo el pueblo miraba la plaza con cariño y odio acumulado, era la plaza de los citados, por costumbre quien se sentaba ahí llevaba su muerte a los hombros, más pesada y cercana que nunca, entonces si hablábamos de la muerte, de la guerra del susto que teníamos, incluso se podía llorar, total que importaba, las lagrimas no tienen la fuerza de cambiar un destino.

La guerra era el pan nuestro de cada día, hasta por aburrimiento se podía declarar la guerra , habitualmente no se nos informaban las razones, aparecían en ciertas paginas perdidas de un periódico, o en un programa de noticias que ya nadie acostumbraba a mirar, las causas no importaban, lo que importaba era que nosotros debíamos morir por los intereses que a ellos les importaban, para que los que mejor estaban pudieran seguir vivos para seguir jugando a nuestro infierno, como si fueran nuestros dioses disponían de nuestra vida y nuestras fuerzas, nunca te preguntarían si tenias hambre, frío o si tenias susto, nuestro desamparo para ellos era solo objeto de burlas de salón de lujo, ellos no se juntaban en las plazas sino en banquetes, ellos no hablaban del poco tiempo que les quedaba, sino de planear nuestros puestos de ataque, ellos no necesitaban llorar ni emborracharse, ellos no corrían peligro, ellos daban las ordenes desde un lugar lejano y seguro, ellos tenían nombre y rostros, nosotros solo teníamos miedo.
Durante el mes que nos quedaba de infancia todo el pueblo nos agasajaba como podía, se nos llevaba buena comida a la plaza donde veíamos en conjunto pasar el tiempo, nos llevaban alcohol y si alguien tomaba más de la cuenta no faltaba el buen vecino que lo llevaba a dormir a casa y lo despertaba después con café cargado, la solidaridad para nosotros que ya teníamos los epitafios escritos en alguna lápida era estremecedora, siempre fue así, siempre el pueblo compadeció y agasajó a los próximos muertos, nadie esperaba que volvieras vivo, total éramos los que sobrábamos, la población infantil estaba controlada por los planes de fertilidad que ellos nos imponían, los embarazos a temprana edad eran habituales y no se condenaban como los más viejos contaban que ocurría antaño, entonces una mujer se salvaba por un tiempo, alargaba su estadía en esta basura 6 o 7 años, hasta que los hijos empezaban la escuela, entonces ellas marchaban a su tumba y los que quedaban, los nenes eran educados por ellos para seguir el digno camino de su madre, héroe anónima de alguna guerra pasada y olvidad en el camino y en los libros de historia. Entonces ellos dejaban de tener nombre y solo eran un arma más que en unos años apuntaría contra el enemigo y serviría de escudo para parar las balas.
Habían quienes tenían la “suerte” de pelear en mejores posiciones, los altos mandos estaban mucho mas protegidos que nosotros, pero al final, al igual que nosotros eran dominados por individuos que no estaban en la escena, incluso ellos podrían morir por que tampoco ellos tenían un rostro definido, solo que, a diferencia de nosotros, ellos marchaban con menos susto, incluso los reyes, cara visible de esta guerra, elemento tan sagrado como la bandera, eran simplemente herramienta para guerra en manos de otros seres, en manos de los dioses que alardeaban del poder que habían conseguido, las mas de las veces, infamemente. Pero aquellos quienes daban las ordenes, ellos no podían morir en la guerra, simplemente por que no estaban, estaban en el olimpo moviendo las piezas a su necesidad y antojo, mientras nuestro pasado y nuestro futuro era una muerte segura, sólo que esta vez no ocurrió lo esperado
Nadie podía imaginarlo, las cosas venían dándose desde siempre del mismo modo y no había razón para imaginar siquiera que pudiera ser distinto, cuando me llegó por fin a casa la mencionada citación me fui a la plaza como todos los que estaban en mi situación, el primer día absolutamente nada llamaba particularmente la atención, nos pusimos a tomar en la plaza y a imaginar que haríamos si salíamos de esta, cosa que nadie creía realmente, se hablaba de las pelotudeces que pueden hablarse en estos casos, algunas mujeres escribían, otras lloraban, los hombres bebían y se ponían violentos, luego venía la calma de querer disfrutar el último mes de vida.
El segundo día en la plaza ocurrió un fenómeno extraño, no se emborracho ninguno, todos hablábamos casi murmurando unos con otros, nadie se fue a su casa en todo el día, ni en la noche, ni en los días que le siguieron, todos nos agrupamos en la plaza del citado y ahí fumábamos mucho, caminábamos sin salir del territorio y murmurábamos las cosas necesarias de decir, nos hacíamos señas casi. La mayoría del tiempo reinó el silencio, nadie hablaba más de lo necesario, nadie lloraba, nadie reía, pero todos nos íbamos paseando cada vez más por la plaza y los murmullos cada vez iban siendo en un tono más bajo, cuando nos llevaban comida los del pueblo nos preguntaban si pasaba algo, pero no pasaba absolutamente nada, ese era el problema, comíamos todos casi en silencio, y volvíamos cada uno nuevamente a su escondite dentro de uno mismo.
La segunda semana nada de esto cambió salvo por que había 2 que sólo dormían en la plaza, se levantaban al amanecer, entraban al baño del parque y luego se los veía ir juntos, también en silencio, con una calma que no podría uno haber entendido si no supiera uno desde que nace que tiene los días contados, que en cualquier momento de la vida la citación te llega y tienes que partir, no se entendería si no estuviésemos acostumbrados ya con la idea. Luego de que ellos marchaban, adentro de la plaza todo seguía en ese extraño silencio, cada uno hablando con sus propias ideas, nos mirábamos entre todos con una mezcla de susto y ternura, comíamos todos juntos y nadie decía nada, todos dormíamos ahí, juntos, espalda con espalda, he incluso cada noche llegaban a dormir con nosotros los que se habían marchado por la mañana temprano, en la noche solo se escuchaba un murmullo demasiado silencioso, casi no se oía desde fuera, la gente empezaba a invitarnos a sus casas por que se sentían preocupados, pero estábamos a gusto, cada uno respetaba el silencio que el otro necesitaba y si uno le hablaba a otro, lo hacíamos en voz baja para no interrumpir el silencio de los demás, la tropa de los mudos nos pusieron por apodo en el pueblo, a nosotros nos causo gracia enterarnos, pero era cierto, nos estábamos volviendo mudos.
La tercer semana ya estábamos todos más inquietos, nervios decían en el pueblo, todos nos movíamos de un lado al otro de la plaza, como en una jaula, era como estar presos, ir caminando por la plaza pero sin salirse de los límites, a veces solos, a veces hombro a hombro con algún otro, pero la plaza seguía quedándose cada vez más silenciosa, en la madrugada ya no eran 2 los que se iban sino tres, pero todos volvían a dormir, en la noche nadie conciliaba el sueño mucho rato, dormíamos ahora cada quien por la suya, pero siempre cerca, como velando nuestro dormir, nadie duraba demasiado tiempo durmiendo, tomábamos mucho café y fumábamos demasiado, la cuenta regresiva estaba cada vez más cerca de acabarse, todos permanecíamos callados, las miradas podían expresar más de lo poco que se podía decir en ese momento.
La penúltima noche ya nadie tubo fuerzas suficientes para dormir, tampoco para mantener silencio, la plaza estalló en una suerte de catarsis colectiva, de voces hablando todas juntas, riéndose a carcajadas, llorando a los gritos, a medida que avanzaba la hora la bulla se iba haciendo más estridente, todos estábamos gritándonos los unos a los otros para poder escuchar lo que teníamos que decirnos por que la bulla que había en la plaza era excesiva, nos movíamos mucho menos y en cambio éramos capaces de gritarnos de un extremo de la plaza al otro para que se nos escuchara, no sin bastante dificultad. Hablábamos de cosas triviales, todos teníamos cosas que decir, todos teníamos que contarnos las cosas que el silencio nos había quitado, la plaza era un bullicio general todo el día y se incrementó en la noche, esa noche nadie se atrevió a dormir.

Al empezar a aclarar el último día los fantasmas ya se habían ido, en la plaza reinaba otra vez el silencio y los citados se habían acostado a dormir, como todas las veces anteriores, como si el día anterior no hubiese existido, estaban allí, durmiendo hombro con hombro, todo en absoluto silencio
A las tres de la tarde el último de los citados ya estaba en pie, tomaban café y fumaban agrupados en pequeños conjuntos de 2 o 3 que siempre se deshacía para rehacerse con otros 2 o 3, en la plaza se escuchaba un zumbido silencioso, se adivinaba el murmullo de todos hablando al mismo tiempo, pero muy, muy despacio, con voz casi tan muda que un soplo de viento fuerte podría haberla callado, la sombra del ruido estridente había desaparecido por completo, sin pedir permiso, tal como había llegado.
A medida que transcurría la hora se veían siluetas fumando, tomando café o comiendo algo, pero nadie se miraba, nadie se decía nada, estábamos todos solos, estábamos más solos que nunca y probablemente todos teníamos miedo, esa noche tampoco durmió nadie, pero a diferencia de la anterior fue una noche silenciosa y solitaria, nadie miraba a nadie, quizás ni siquiera podíamos vernos, las reflexiones en aquel momento eran tantas y quedaba tan poco tiempo…En la mañana vendría el camión a llevarnos al campo de batalla, el tiempo se nos estaba acabando enserio, era sólo cuestión de horas, nadie tenía tiempo para dormir y sin embargo fue la noche más larga de mi vida y probablemente también la del resto de los que ahí estaba.
A medida que pasaban las horas se percibía más movimiento en la plaza, estaban todos inquietos pero el silencio seguía reinando, todos se movían lentamente de un lado a otro, miraban sus relojes cada vez más seguido y parecía que todos al fin querían que la hora se pasase luego, que ya se acabase todo esto. A las seis y treinta de la mañana ya habían llegado los altos mandos a la plaza, cosa habitual pues a las siete llegaban a buscarlos los vehículos mandados por los que ostentan el poder para llevarlos al tablero de juegos. A las siete en punto unos cuantos vehículos de lujo y un camión de transporte de ganado habían arribado en la plaza, como es de suponer, los altos mandos Iban en los autos y nosotros íbamos atrás en el camioncito de madera, apretados como ganado, de pie y dando saltos todo el tiempo por el mal estado del camión, nadie decía una palabra , íbamos todos arrimados a los bordes, mirando para “afuera”, mirando el camino de tierra que nos conducía a nuestras trincheras y el pueblo que dejábamos atrás, se veía a la gente saliendo de sus casas a despedir a la tropa sugiriendo cada cual sus supersticiones, uno con cruces en la mano que repartía entre nosotros, otro con una ramita de quien sabe que cosa, y así, como es ritual todos se despedían rezándole a un dios del que nosotros ya no esperábamos nada.
El camino hacia las trincheras esta vez era largo, llevábamos un par de horas de camino y no se vislumbraba nada más que desierto, al fin de un rato largo de mirar un mismo paisaje estábamos ya todos sentados en el piso del camión mirando el suelo, uno que otro se dormía a ratos apoyado en el hombro de algún otro, para luego de un rato despertar nuevamente y comprobar que el camión seguía en marcha. Pasamos horas en esa misma posición, cansados, cabizbajos, sentados en el piso duro y en silencio hasta que llegamos al lugar en cuestión.
Ya estaba anocheciendo cuando porfin descendimos del camión, se nos indicó nuestro puesto de combate y por supuesto, no podíamos movernos hasta que se nos diera la orden, esperamos la noche completa instrucciones para entrar en combate pero la orden no se daba, estábamos todos empezando a molestarnos, el silencio empezaba a romperse, todos especulábamos respecto de cuando darían por fin la maldita orden, estábamos asustados de que nos pillara de sorpresa el enemigo. Recién de madrugada se dio la orden de intervenir, dejamos los puestos en los que estábamos para ubicarnos en nuestro puesto de combate y preparar las armas, unos debían quedarse cuidando las bases establecidas, otros debíamos avanzar para poder establecer más bases e ir ganando territorio, allá debíamos ir, a jugar a una verdadera ruleta rusa en la que el revolver tiene casi tantas balas como jugadores, íbamos a matar o que se nos matara, en la guerra esto es así, o se gana o se pierde, solo que esta vez las reglas del juego habían cambiado y nadie podía haberlo previsto, esta vez sería uno de esos accidentes históricos que marcaría un precedente para la historia futura, esta vez nosotros, los que estábamos mudos, haríamos historia, romperíamos el silencio que veníamos manteniendo, esta vez teníamos algo que decir, esta vez el final se cuenta distinto:
…Cuentan que sobre una mesa había un tablero de ajedrez, las piezas estaban ordenadas para empezar una partida, un gato contemplaba la escena extasiado, la partida quiso empezar pero los peones no se movían de su sitio, se intento darles la orden nuevamente, luego se intento por la violencia pero tampoco dio resultado, los peones no se movían de su sitio…

Cuando nos encontramos con el enemigo nadie estaba dispuesto a seguir avanzando, todos nos quedamos ahí, mirándonos sonrientes y asustados…
… Cuentan que el gato, de un salto está sobre la mesa, más específicamente, a saltado sobre el tablero, se escucha una orden clara de – abajo!-- Seguida de las puteadas de rigor…

Luego todos sabíamos lo que había que hacer, comenzamos a abrazarnos y saltar abrazados en un solo círculo, todo tembló entonces, nuevamente estaba todo dicho, pero esta vez había sido distinto…
El gato obedeciendo a la orden saltó del tablero al suelo elegantemente alfombrado desparramando las piezas del ajedrez por todo el tablero y la mesa, algunas incluso habían caído al suelo…

Esta vez la partida no tenía perdedores, todos habíamos ganado, no se había peleado…
…Pero no les importó demaciado, ellos siempre pueden volver a acomodar el tablero y empezar el juego otra vez.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Última imagen


La niña baja la cabeza y se mira los pies, la niña ve sus pies pequeños meciéndose y ve como, debajo de sus pies se ve la tierra seca, y la sensación que deja al simple criterio de la vista es que no es la niña la que se mueve, ella mira que no es ella la que se mueve, sino la tierra que esta bajo sus pies, a unos centímetros de distancia de sus pies: esa sensación le agrada, es lo que más le agrada de subirse a los columpios.
Siempre le produce una curiosidad tremenda la imagen de los pies colgando, pero ahora es distinto, ella está más grande y no se sube a los columpios, probablemente la riza que le producían los columpios ya casi está extinta, la alegría de esa imagen de la infancia ahora era solo un lejano recuerdo, ahora todo se va tiñendo de un tono opaco, sin color, sin importancia incluso, algo desolador y desconcertante, sobretodo cuando alcanza a ver remotamente esta vida con los ojos de esa niña, y la tristeza enorme que se rompe adentro por la certeza de que uno esperaba mas de la vida, no de los otros, de uno mismo, de la vida, uno siempre esperó que la vida tuviese algo interesante, algo que motivara, y cuando uno la conoce, hay!!! como hay pocas cosas que de verdad despierten en uno esa curiosidad que se vuelve vida, que se vuelve la alegría de saberse descubriendo algo nuevo, que puede llegar a ser glorioso…
No, ahora que de verdad vive, nada de esto es real, nada importa tanto ni es tan interesante de conocer
Cuando está sola le gusta recordar esa imagen del suelo moviéndose debajo de sus pies, es quizás la imagen más simple de su vida y la más cargada de sensaciones, es quizás la última imagen que ella lleve consigo de su infancia, y es por sobretodo la más importante.
Ella esta sola en su cuarto, esta tomando, esta triste, un jazz desgarrador suena en la pieza, ella está sentada en la silla del escritorio, se arrima bien atrás, levanta lo más que puede la silla y deja caer sus pies lánguidos, recuerda aquella imagen que la acompaña desde siempre, una tristeza aún mayor la invade, desea con toda el alma que todo se termine, desea que ese sea su último recuerdo, no quiere volver de esa imagen cálida que esta viendo en estos momentos, balancea sus pies y el suelo se mueve bajo ellos… ella llora, por que no, piensa… por que no, más llora y mas ganas de no volver de esa imagen la invaden…
Respira hondo, ha pasado el momento más angustioso, pero sigue, ahora serena, deseando no volver de esa imagen, se concentra, analiza, calcula, está tranquila, ata una soga en el árbol del patio, se mete al baño y se ducha, sale y se pone un vestido blanco que le da una sensación de niñez, se sube al árbol…
Ella siente otra vez el piso moviéndose sobre sus pies, una agonía infernal le invade, empieza a desesperarse, pero es tarde, se serena, deja caer la cabeza hacia su lado izquierdo, una leve mueca de sonrisa dibuja su rostro, todo ha terminado, y ella no saldrá más de esa imagen calida, la ultima imagen

Capitán o tripulación

Uno siempre está esperando alguna señal de algo grandioso que demuestre que los esfuerzos canalizados hacia determinada dirección no son en vano, estos hechos, rara vez, por no decir casi nunca, o más pesimistamente nunca llegan, entonces la decepción y la frustración se apoderan de periodos de nuestra vida en que pensamos que no tiene sentido seguir remando.
El dirigente de una navegación en medio de una tormenta que amenaza con destruir su nave y hundirlo a él junto a toda su tripulación en una nada de la que no se saldrá jamás tiene entonces dos alternativas, entregarse al pánico y la resignación en que está sumergida la tripulación toda, o pese a no ver el horizonte confiar en que hay que seguir remando sabiendo que más allá la tormenta cesa, y mas allá aún los espera tierra firme.
Uno tiene que apostar a seguir remando, pese a lo terrible y lejano que aparece el horizonte, esta es la única forma de ser consecuentemente lo que uno ha decidido ser con conciencia absoluta de sus dificultades.

yo continúo

Pese a todo continúo, continúo por que una esperanza, casi siega en muchas ocasiones, me hace suponer que esta no puede ser la vida toda, que pese a nuestras escasas fuerzas reconocidas por nosotros y explotadas por nuestros enemigos, podemos dar un paso en el cambio rotundo del actual recorrido del universo, por que una fe científica en un proyecto enarbolado hace tiempo por un ser increíblemente superior a mi en fuerzas y capacidades nos ha permitido entender que más allá de nuestra existencia, más allá de esta enfermedad social que nos destruye y nos hace perder la condición humana suficiente para pertenecer a una especie superior en la escala evolutiva, hay la posibilidad cierta de un futuro que promete devolvernos la capacidad de razocinio que hemos ido perdiendo en el transcurso de siglos de encierro, en una vida esclavizada y sometida a la miseria más cruel.
Pese a todo sigo, por que creo que si logramos avanzar un solo peldaño en la construcción más sensata que puede concebir el hombre de nuestra época, habremos logrado que la humanidad toda esté a un peldaño menos de su libertad más sincera, por que creo que yo no tengo fuerzas suficientes, y tu crees lo mismo respecto de las tuyas, y quizás cuantos, como nosotros, repartidos a lo largo de este mundo entero ven sus fuerzas demasiado flacas para un proyecto tan arduo como el que hemos decidido emprender desde hace un tiempo, pero se que hay una ley descubierta hace mucho tiempo atrás, de la cual no recuerdo el nombre ni tanto importa, que asegura que varias fuerzas unidas tienen la capacidad de multiplicarse, mientras que separadas solo pueden sumarse.
Sigo por que estoy convencida de que es mejor morirse intentando que bajar los brazos a mitad de camino, de modo que este enemigo cruel pueda sumar una bandera blanca más a las muchas que desde este lado de la trinchera le han ido ofreciendo.
Sigo por que sin creer en mis fuerzas, creo en un futuro distinto para tantos otros…
YO CONTINÚO.

Espejos


Me miro al espejo, hoy como otras tantas veces, sin ser la vanidad lo que me impulsa a hacerlo y no veo más que un conjunto de huesos, carne y nervios (a esta altura bastante alterados ya) cubiertos de una piel común y corriente, no es el ser linda lo que me preocupa, hace mucho tiempo he abandonado la vanidad de cosas tan intrascendentes como estas… no es por eso que miro mi espejo.
Miro hacia dentro de mis ojos y veo una chispa de algo que se está apagando, una tristeza enorme que me recorre el rostro, el cuerpo y la existencia entera.
No tengo fuerzas, este conjunto de huesos con carne y nervios se está desvaneciendo ante las escasas fuerzas que poseen para hacer un proyecto tan grande que probablemente no alcanzará a desarrollar por su falta de fuerzas y de fe en sus capacidades.
Ahora soy yo quien cuestiona hasta que punto alcanzaré a hacer de mi historia algo distinto de lo que el medio me a trazado, me pregunto si lograré darle algún sentido real, más allá de las utopías imaginables respecto de lo que uno mismo quiere ser, respecto de lo que uno quiere mirar en el espejo, a esta existencia que se vuelve cotidianamente un reloj suizo que va marcando las horas que van pasando, sin olvidarse de ninguna, y que me van recordando el escaso trayecto recorrido y lleno de piedras y desganos en que se convierte una vida tratando, pese a todo, de torcerle la mano a un destino tan cruel como el que la vida me ha brindado desde siempre.. me pregunto si una sola vida, una vida como la mía, alcanza para torcer la mano de un destino predeterminado por siglos de relativismos culturales, de una sociedad completa enferma producto de un sistema regresivo del que no escapo, un destino trazado por siglos de lucha en la que al final siempre somos los perdedores.
Respondo a esta pregunta de dos formas posibles, pero en la mayoría de los casos la respuesta que predomina es una negativa rotunda producto de las incapacidades que he ido adquiriendo a lo largo de una vida sin mayores motivaciones y con demasiados muros desmoronándose.
Cuando es este tipo de respuesta la que se aparece inevitable en el espejo de mi casa, me pregunto si el seguir existiendo tiene algún sentido, la respuesta a una pregunta negativa puede que no siempre sea negativa, no lo se, pero en este caso si lo es, solo trato de convencerme de que puedo hacer algo más en esta existencia.
Convencer a el común de la humanidad, con un par de buenos argumentos es fácil, en lo que a mi respecta, no siempre logro convencerme.

martes, 20 de mayo de 2008

miércoles, 9 de abril de 2008

Haiti recargado

He hecho algunas mejoras al texto primero, aca va denuevo.


La invacion a la que esta siendo sometido Haiti por parte de tropas de la Onu comandadas por el imparialismo yanqui responde a una serie de medidas tomadas por los EEUU con el fin de profundizar el actual modelo economico para salvaguardar la estabilidad capitalista mundial bajo el entendido de que si no se profundiza este, se esta debilitando.

Haiti es el pais con el menor pbi del continente, con un escaso desarrollo industrial, su economia se conforma principalmente por la prestacion de servicios. El PBI de este pais esta conformado en un 52% por servicios, un 28% por agricultura y un 20% por industria lo que refleja una economia sumamente dependiente que genera recursos sin desarrollo productivo en primer termino y como exportador de materias primas en segundo. El PBI de ahiti equivale solo al 0.003% del PBI del continente.

Con Aristides a la cabeza (ultimo presidente elegido democraticamente) el descontento social iva incrementandose debido a las pauperrimas condiciones de vida de los trabajadores (en haiti el 80% de la poblacion vive co menos de 2 dolares diarios), las condiciones entre la burguesia trasnacionalizada y los trabajadores se estaba manifestando en las exigencias de estos ultimos de mejores condiciones de vida, cuestion esta que no puede garantizarse sin bajar las tasas de ganancia de la gran burguesia.
Cuando dicho conflicto empieza a tomar matices antiimperialistas, EEUU, aludiendo que HAiti se estaba volviendo unasa amenaza para la paz y la seguridad de la region, y con la venia de la ONU que alude ayuda humanitaria, invade militarmente, anticipandose a un posible aumente del conflicto que pudiese culminar con una guerra civil que jugase un rol progresivo en el dessarrollo de la economia del sector en perjuicio de la burguesia que se beneficia a costa del bajo desarrollo de este. Al necesitar los EEUU reforzar su contingente militar en Irak, la ONU hace un llamado a los gobiernos de turno a apollar esta “mision humanitaria” enviando tropas locales al lugar, 22 paises envian parte de sus tropas a Haiti. Si antes de la invacion la lucha que estaba librando el pueblo haitiano por liberarse la opresion economica era ardua, ahora tiene una doble lucha, en primer lugar debe librarse de la invacion militar extranjera que no hace sino garantizar condiciones de seguridad para que los sectores burgueses sigan haciendo sus negociados explotando a los trabajadores que en su gran mayoria estan bajo la linea de pobreza. En segundo lugar la lucha debe librarse contra estos explotadores y contra los enemigos internos que garantizan a cualquier precio la continuidad del actual modelo economico para mantener los intereses de unos cuantos.

Una alternatibla posible de lucha para estos fines es que el trabajador, en alianza con la pequeña burguesia nacional , formen un FLN que luche por la expulsion de las tropas extranjeras de su territorio. Sin embargo la lucha contra la liberacion de los enemigos internos, los trabajadores deberan librarla solos ya que en este punto es donde entran en conflicto los intereses de la burguesia por aumentar sus niveles de ganancia, para lo cual necesita pagar bajos salariso, intensificar las horas de trabajo, etc, y los intereses del proletariado ya que estas medidas deterioran las condiciones de vida del trabajador, razon que ha generado el actual descontento social

La salida de las tropas extranjeras de haiti es un gran paso para la liberacion del pueblo haitiano sin embargo esta no es la solucion al conflicto generado al interior del pais, conflicto que solo se puede resolver al desarrollar una independencia economica que beneficie al trabajador y no que lo deteriore en beneficio de las trasnacionales y sus esbirros.


• Haiti debe desarrollar un FLN que lo organize para la lucha contra la invacion militar extranjera y al mismo tiempo debe elaborar un plan de desarrollo economico industrial que le garantice su independencia economica, entendiendo que sin independencia economica no hay indep0endencia politica.
• El pueblo trabajador de Haiti debe hacerse del control absoluto de la produccion de su pais haciendo que las ganancias se repartan entre los trabajadores y que no vallan a parar en los bolsillos de un usurpador burgues.
• Se debe hacer una denuncia a todos los gobiernos que han enviado y/o mantenido sus tropas militares en Haiti y a los que han mantenido un silencio complice como gobiernos titeres al servicio del imperialismo yanqui.
• Se debe exigir a los gobiernos intervencionestas la inmediata salida de las tropas del territorio haitiano.
• Se debe denunciar el rol intervencionista y proimperialista que la ONU esconde detras de su discurso de ayuda humanitaria.