lunes, 10 de noviembre de 2008

Última imagen


La niña baja la cabeza y se mira los pies, la niña ve sus pies pequeños meciéndose y ve como, debajo de sus pies se ve la tierra seca, y la sensación que deja al simple criterio de la vista es que no es la niña la que se mueve, ella mira que no es ella la que se mueve, sino la tierra que esta bajo sus pies, a unos centímetros de distancia de sus pies: esa sensación le agrada, es lo que más le agrada de subirse a los columpios.
Siempre le produce una curiosidad tremenda la imagen de los pies colgando, pero ahora es distinto, ella está más grande y no se sube a los columpios, probablemente la riza que le producían los columpios ya casi está extinta, la alegría de esa imagen de la infancia ahora era solo un lejano recuerdo, ahora todo se va tiñendo de un tono opaco, sin color, sin importancia incluso, algo desolador y desconcertante, sobretodo cuando alcanza a ver remotamente esta vida con los ojos de esa niña, y la tristeza enorme que se rompe adentro por la certeza de que uno esperaba mas de la vida, no de los otros, de uno mismo, de la vida, uno siempre esperó que la vida tuviese algo interesante, algo que motivara, y cuando uno la conoce, hay!!! como hay pocas cosas que de verdad despierten en uno esa curiosidad que se vuelve vida, que se vuelve la alegría de saberse descubriendo algo nuevo, que puede llegar a ser glorioso…
No, ahora que de verdad vive, nada de esto es real, nada importa tanto ni es tan interesante de conocer
Cuando está sola le gusta recordar esa imagen del suelo moviéndose debajo de sus pies, es quizás la imagen más simple de su vida y la más cargada de sensaciones, es quizás la última imagen que ella lleve consigo de su infancia, y es por sobretodo la más importante.
Ella esta sola en su cuarto, esta tomando, esta triste, un jazz desgarrador suena en la pieza, ella está sentada en la silla del escritorio, se arrima bien atrás, levanta lo más que puede la silla y deja caer sus pies lánguidos, recuerda aquella imagen que la acompaña desde siempre, una tristeza aún mayor la invade, desea con toda el alma que todo se termine, desea que ese sea su último recuerdo, no quiere volver de esa imagen cálida que esta viendo en estos momentos, balancea sus pies y el suelo se mueve bajo ellos… ella llora, por que no, piensa… por que no, más llora y mas ganas de no volver de esa imagen la invaden…
Respira hondo, ha pasado el momento más angustioso, pero sigue, ahora serena, deseando no volver de esa imagen, se concentra, analiza, calcula, está tranquila, ata una soga en el árbol del patio, se mete al baño y se ducha, sale y se pone un vestido blanco que le da una sensación de niñez, se sube al árbol…
Ella siente otra vez el piso moviéndose sobre sus pies, una agonía infernal le invade, empieza a desesperarse, pero es tarde, se serena, deja caer la cabeza hacia su lado izquierdo, una leve mueca de sonrisa dibuja su rostro, todo ha terminado, y ella no saldrá más de esa imagen calida, la ultima imagen

Capitán o tripulación

Uno siempre está esperando alguna señal de algo grandioso que demuestre que los esfuerzos canalizados hacia determinada dirección no son en vano, estos hechos, rara vez, por no decir casi nunca, o más pesimistamente nunca llegan, entonces la decepción y la frustración se apoderan de periodos de nuestra vida en que pensamos que no tiene sentido seguir remando.
El dirigente de una navegación en medio de una tormenta que amenaza con destruir su nave y hundirlo a él junto a toda su tripulación en una nada de la que no se saldrá jamás tiene entonces dos alternativas, entregarse al pánico y la resignación en que está sumergida la tripulación toda, o pese a no ver el horizonte confiar en que hay que seguir remando sabiendo que más allá la tormenta cesa, y mas allá aún los espera tierra firme.
Uno tiene que apostar a seguir remando, pese a lo terrible y lejano que aparece el horizonte, esta es la única forma de ser consecuentemente lo que uno ha decidido ser con conciencia absoluta de sus dificultades.

yo continúo

Pese a todo continúo, continúo por que una esperanza, casi siega en muchas ocasiones, me hace suponer que esta no puede ser la vida toda, que pese a nuestras escasas fuerzas reconocidas por nosotros y explotadas por nuestros enemigos, podemos dar un paso en el cambio rotundo del actual recorrido del universo, por que una fe científica en un proyecto enarbolado hace tiempo por un ser increíblemente superior a mi en fuerzas y capacidades nos ha permitido entender que más allá de nuestra existencia, más allá de esta enfermedad social que nos destruye y nos hace perder la condición humana suficiente para pertenecer a una especie superior en la escala evolutiva, hay la posibilidad cierta de un futuro que promete devolvernos la capacidad de razocinio que hemos ido perdiendo en el transcurso de siglos de encierro, en una vida esclavizada y sometida a la miseria más cruel.
Pese a todo sigo, por que creo que si logramos avanzar un solo peldaño en la construcción más sensata que puede concebir el hombre de nuestra época, habremos logrado que la humanidad toda esté a un peldaño menos de su libertad más sincera, por que creo que yo no tengo fuerzas suficientes, y tu crees lo mismo respecto de las tuyas, y quizás cuantos, como nosotros, repartidos a lo largo de este mundo entero ven sus fuerzas demasiado flacas para un proyecto tan arduo como el que hemos decidido emprender desde hace un tiempo, pero se que hay una ley descubierta hace mucho tiempo atrás, de la cual no recuerdo el nombre ni tanto importa, que asegura que varias fuerzas unidas tienen la capacidad de multiplicarse, mientras que separadas solo pueden sumarse.
Sigo por que estoy convencida de que es mejor morirse intentando que bajar los brazos a mitad de camino, de modo que este enemigo cruel pueda sumar una bandera blanca más a las muchas que desde este lado de la trinchera le han ido ofreciendo.
Sigo por que sin creer en mis fuerzas, creo en un futuro distinto para tantos otros…
YO CONTINÚO.

Espejos


Me miro al espejo, hoy como otras tantas veces, sin ser la vanidad lo que me impulsa a hacerlo y no veo más que un conjunto de huesos, carne y nervios (a esta altura bastante alterados ya) cubiertos de una piel común y corriente, no es el ser linda lo que me preocupa, hace mucho tiempo he abandonado la vanidad de cosas tan intrascendentes como estas… no es por eso que miro mi espejo.
Miro hacia dentro de mis ojos y veo una chispa de algo que se está apagando, una tristeza enorme que me recorre el rostro, el cuerpo y la existencia entera.
No tengo fuerzas, este conjunto de huesos con carne y nervios se está desvaneciendo ante las escasas fuerzas que poseen para hacer un proyecto tan grande que probablemente no alcanzará a desarrollar por su falta de fuerzas y de fe en sus capacidades.
Ahora soy yo quien cuestiona hasta que punto alcanzaré a hacer de mi historia algo distinto de lo que el medio me a trazado, me pregunto si lograré darle algún sentido real, más allá de las utopías imaginables respecto de lo que uno mismo quiere ser, respecto de lo que uno quiere mirar en el espejo, a esta existencia que se vuelve cotidianamente un reloj suizo que va marcando las horas que van pasando, sin olvidarse de ninguna, y que me van recordando el escaso trayecto recorrido y lleno de piedras y desganos en que se convierte una vida tratando, pese a todo, de torcerle la mano a un destino tan cruel como el que la vida me ha brindado desde siempre.. me pregunto si una sola vida, una vida como la mía, alcanza para torcer la mano de un destino predeterminado por siglos de relativismos culturales, de una sociedad completa enferma producto de un sistema regresivo del que no escapo, un destino trazado por siglos de lucha en la que al final siempre somos los perdedores.
Respondo a esta pregunta de dos formas posibles, pero en la mayoría de los casos la respuesta que predomina es una negativa rotunda producto de las incapacidades que he ido adquiriendo a lo largo de una vida sin mayores motivaciones y con demasiados muros desmoronándose.
Cuando es este tipo de respuesta la que se aparece inevitable en el espejo de mi casa, me pregunto si el seguir existiendo tiene algún sentido, la respuesta a una pregunta negativa puede que no siempre sea negativa, no lo se, pero en este caso si lo es, solo trato de convencerme de que puedo hacer algo más en esta existencia.
Convencer a el común de la humanidad, con un par de buenos argumentos es fácil, en lo que a mi respecta, no siempre logro convencerme.